viernes, 5 de noviembre de 2010

Este mundo es un mundo de dinero y naranjas

El universo es una entidad presuntamente amorfa que, sin saberlo nosotros, los pobres mortales, se encuentra en continua conspiración para mantener un equilibrio enfermizo. Por esta razón, por cada causa en este gran universo existe una consecuencia, por cada acción existe una reacción, por cada gafapasta o pedante pretencioso existe una persona inteligente... espera, ¿en serio?

Mierda, al final parece que la ley absoluta del universo no es tan genial como parecía...

Para el caso, alguna gente se dedica a inventar complicadas teorías conspiratorias al refugio de la calefacción de su oscuro cuarto envuelto en sueños y exploración de la intimidad. Otros, de vez en cuando, encuentran tiempo por ahí y, en vez de entregarlo en la comisaría de policía más cercana (o cualquier otra, tampoco vamos a hacer apología del comfort), deciden usarlo para sus siniestros fines cual villano en su cueva. Y luego está mi favorito; aquel que recuerda, en la seguridad de su torre de marfil de la que es el indiscutible amo y señor, el tiempo de fantasía en que una vez tuvo todo lo que jamás pudo desear: gloria, dinero, mujeres... hombres, según el caso... y llora su absurda soledad mientras escribe poemas autocompasivos. No me refiero a nadie en especial, simplemente escribo cosas. En realidad quiero a todos y cada uno de esos malditos bastardos, sumidos en un mundo de dinero y naranjas.

Dinero. ¿Por qué dinero? ¿Qué pinta el dinero en este universo de equilibrio perfecto? El dinero es la causa y solución de todos los problemas de la humanidad. Si no fuera por su dorada guía y su brillo inspirador, ¿os imagináis qué sería de nosotros? Posiblemente el progreso tal y como lo conocemos habría sido imposible. Los humanos habríamos estado tan ocupados desarrollando facultades fútiles como la empatía y la cooperación que no nos quedaría tiempo para inventar la bomba atómica. ¡Imaginaos qué horrible pérdida, maldita sea! Y, ¿qué me decís de la individualidad, del ego enfermizo y engañoso que nos arropa cada noche y nos da tranquilidad? Es gracias al dinero que no hemos caído en el comunismo teórico o el vitalismo nietzscheano. Menos mal que podemos seguir recelando unos de otros.. ¡qué puto alivio!

Naranjas. ¿Naranjas? En efecto. No piñas ni manzanas, ni siquiera plátanos. ¡NARANJAS! Las naranjas nos lo han dado todo. Sin naranjas en nuestra vida diaria, no tendríamos el aporte necesario de vitamina C que se necesita para sobrevivir al cataclismo que es la sociedad actual. Las naranjas son importantísimas, mucho más que el dinero. Sin ellas y su espíritu heroico posiblemente estaríamos muertos o, peor aún, nunca podríamos pilotar un Super Robot. Todos sabemos que, si la humanidad todavía no se ha ahogado en su propia mierda es por la facultad que algunos humanos tienen de pilotar Super Robots. La gente que expulsa fuego en cada puñetazo, que grita mucho y que es capaz de morir ciento y pico veces y seguir en pie, todo para derrotar al enemigo. Pues bien, esa vitalidad viene de las naranjas, ¡así que ya estáis dando gracias si no queréis que taladren el cielo y se vayan a proteger el universo, hijos de perra!

Y así están las cosas. El mundo es así y no hay vuelta atrás. A quien no le guste, ya puede ir acostumbrándose o coger un taladro y poner fin a la inquietud de que, en cualquier momento, se nos puede caer el techo encima y matarnos a todos. Recordad que este mundo es un mundo de dinero y naranjas.

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